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Todos queremos comer sano y seguro, y entendemos las preocupaciones que pueden surgir respecto al uso de plaguicidas, siendo la industria la principal interesada en contribuir en el fortalecimiento de la regulación, y en la protección del medio ambiente y la salud de todos los mexicanos.

La industria de protección de cultivos mantiene criterios de desarrollo de productos muy estrictos. Anualmente invierte más de 7 mil millones de dólares en investigación y desarrollo de mejores tecnologías, más innovadoras y específicas, para proteger los cultivos de los agricultores mexicanos contra plagas, malezas y enfermedades —lo cual representa una inversión superior a la industria médica y del software—; y son sometidas a más de 120 estudios para garantizar su seguridad ambiental, seguridad toxicológica y eficacia agronómica

A su vez, es la industria más regulada a nivel mundial. Actualmente, en México existen 6 leyes, 12 reglamentos y 30 Normas Oficiales que la rigen; y no es para menos considerando que estas soluciones tecnológicas aseguran la producción de alimentos y contribuyen de manera significativa a la Seguridad Alimentaria.

El proceso regulatorio que permite la autorización de un registro de plaguicida en México se encuentra armonizado con altos estándares de regulación internacional, y a nivel mundial son intensamente probados y regulados para asegurar que no causan efectos adversos inaceptables para la salud ni el medio ambiente. Muestra de estos instrumentos internacionales para su evaluación es el Convenio de Rotterdam, que inició hace 15 años como un programa voluntario de intercambio de información, no como una recomendación para prohibir, pues su principal objetivo es evaluar los riesgos y promover esfuerzos conjuntos en el manejo responsable de estas tecnologías agrícolas.

En México, las autoridades regulatorias evalúan e identifican los usos apropiados para los productos de protección de cultivos, y vigilan que sean llevados al mercado con responsabilidad. Por su parte, la industria trabaja coordinadamente con las autoridades regulatorias en la implementación de medidas de custodia para su utilización sin riesgos durante todo su ciclo de vida: desde la importación, fabricación, envase, etiquetado, almacén, transporte, comercialización, uso y aplicación responsable, hasta la disposición final adecuada.

 

Desde PROCCyT, por más de 25 años hemos llevado a cabo numerosos programas de capacitación a lo largo de toda la república promoviendo el uso responsable de plaguicidas. Tan solo en 2018, capacitamos a más de 46 mil personas y recolectamos más de 2,000 envases vacíos para darles un destino final adecuado. (Para más información sobre el impacto de estas acciones puede consultar nuestro informe de resultados aquí)

 

Como consumidores, podemos estar seguros de que contamos con un marco regulatorio robusto y basado en ciencia, por lo que es importante evitar la restricción o prohibición de productos efectivos y útiles que no representan un riesgo cuando se usan en condiciones apropiadas, pues son herramientas vitales que ayudan a los agricultores a producir más y mejores alimentos para una población creciente.

 

 

 

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